El hombre que ha empezado a vivir más seriamente por dentro
empieza a vivir más sencillamente por fuera
(Ernest Hemingway)
El viaje aplazado por la pandemia lo podemos realizar por fin. Estamos en Cabarceno, en el aparcamiento lago (43.358500, -3.818860).Llegamos ayer por la tarde. Cada vez nos lo tomamos con más tranquilidad y llegamos aquí casi a las 19 horas. Muchas autocaravanas y…mucho calor, incluso vimos gente bañándose por lo que buscamos desesperadamente la sombra.
La noche transcurrió tranquila
después de que una familia decidiera que se iba a dormir por lo que los demás
también pudimos descansar y es que
estuvimos oyendo los berridos de los niños hasta las 23,30 así como golpes y sonidos
sordos que daban la impresión de que estuvieran desguazando la autocaravana.
Nos explicamos el por qué los vecinos más próximos a esta familia, se movieron
de noche ya incluso olvidando los calzos que luego vinieron a buscar. Suponemos
que cambió de sitio buscando un lugar más…silencioso. Una pesadilla de familia,
que a la mañana siguiente encontraríamos en el parque, aparcada delante de un
señal que prohibía explícitamente que no se dejara ningún vehículo allí y
habiendo entrado por una carretera que tenía prohibida la circulación de
autocaravanas. Ahora ya, viendo a los
padres, nos explicamos el comportamiento de los niños. Y ahora, según escribo
esto vemos llegar una “sunlight”, la misma que tenía esta familia. Se ha
colocado al otro lado de una autocaravana belga vecina y si son ellos,….a lo
mejor, hasta me voy al otro extremo. Y me preocupa mi actitud. Cada vez aguanto
menos a este tipo de personas tan maleducadas y que actúan como si no hubiera
más gente en el mundo que ellos.
Vuelvo al relato. Hemos entrado al parque de Cabárceno cinco minutos después de las 9,30. Pese a que
Angel paga como jubilado, hemos abonado unos 60 euros por los dos.
Y comienzo por hacer
algunas reflexiones relacionadas con este tipo de lugares. La última vez que
estuvimos en el oceanario de valencia y vimos una pobre beluga que nadaba de
esquina a esquina de su pecera, y luego a los delfines haciendo payasadas para
la gente, en vez de nadar libremente en libertad por el Mediterráneo, dijimos
que no íbamos a visitar ningún zoo ni parque de animales por mucha libertad que
nos dijeran que tienen los animales que viven allí. Pero…leímos y oímos tantos
comentarios positivos de este lugar, que me sentí tentada y decidimos
visitarlo. Pero no deja de ser una jaula de lujo.
Y lo siguiente que visitamos tampoco ayudó a cambiar mi estado anímico. Los lobos. Una pareja, metida en un agujero, amplio, pero sin vegetación.
Y aquí, me derrumbé. No pude suportar ver a la pobre pantera rugiendo mientras que caminaba de un lado a otro de un recinto que era un agujero, grande, bonito, digno, pero, no era su lugar. Estaba acompañada del jaguar y entonces me trasladé tres años atrás, a la estación Sirena en Corcovado, Costa Rica, hábitat natural de estos animales. Mi memoria extrajo rápidamente las imágenes de esa densa selva, de esa cúpula verde por donde no atravesaba la luz del sol, el calor, la humedad, los sonidos y una vez más, me pregunté qué hacían allí estos pobres bichos. Solo ser víctimas de la curiosidad de unos, de los visitantes, y de la codicia de otros, los que los cazan, los venden y los que los muestran. Y llega luego lo que no quise ni pensar, su alimentación, no tanto la de los herbívoros como la de los carnívoros.
Exceptuando estos
aspectos negativos, y estas reflexiones,
el parque tiene en sí un interés geológico y es muy agradable pasear por él.
Está muy bien cuidado y realmente es de los mejores sitios que hemos visto para
tener animales en cautividad.
Noche tranquila aunque
hay que destacar lo escandalosas que son las autocaravanas españolas … con
niños y como anécdota, era una vez más una “sunlight” así que llegué a pensar
que la familia ruidosa de la noche anterior nos perseguía. Pero era otra,
también con niños chillones hablando a gritos y a las 8,30 de la mañana, igual,
como si solo estuvieran ellos y los demás tuviéramos que estar despiertos y el
que no, pues ya lo estaba, y me refiero a que las voces y gritos los daban fuera
de la autocaravana.
Me da mucha tristeza y
también, por qué no decirlo, rabia. Hace 20 años no existía ningún área para
autocaravanas, ni aparcamientos, ni nada. Ha sido la lucha de una generación la
que ha conseguido que se fueran construyendo este tipo de lugares donde nos
acogieran, aparcamientos donde no se nos fuera viendo con malos ojos. Ahora,
aunque no estamos como deberíamos, si es cierto que se ha andado mucho camino y
podemos encontrar acogida en muchas de nuestras ciudades españolas. Los jóvenes
y no tan jóvenes que descubren este mundillo carecen de nuestra memoria y
muchos de ellos ensucian, son ruidosos, molestos, con lo algunas áreas han
cerrado, como la que había aquí en Cabárceno
que se ha quedado solo como aparcamiento y es que hemos leído que sobre todo
los fines de semana era un caos y un guarreo auténtico. Es cierto que es una
minoría pero que nos marca y estigmatiza a todos y no hay que excluir a los
extranjeros que vienen a hacer aquí lo que no pueden hacer en su país. Se
mimetizan a una velocidad pasmosa.
Y esto lo ratifico
ahora que repaso el relato a finales de junio en Lillaz, un pueblecito del
Valle del Cogne en el Parque Nacional Gran Paradiso del Valle de Aosta, los
Alpes italianos. Estamos rodeados de imponentes cimas en un escenario
espectacular. Pero, llueve, y lo hace desde primera hora de la mañana y
prácticamente sin parar lo que nos ha obligado a permanecer encerrados en
nuestros vehículos, a nosotros, y a una decena de autocaravanas más. Pero lo
hacemos en un área para autocaravanas, del ayuntamiento, a las afueras pero
casi en esta misma localidad, pequeña y tranquila. Su costo, 15 euros al día
incluyendo la electricidad. Ayer vimos como ponían una barrera. Este sistema
que hemos visto en otra y que en Francia llevan años, dan completa autonomía de
funcionamiento. Puedes elegir el idioma y funcionan igual que un aparcamiento,
tomando ticket y luego abonando el importe antes de dejarla. Y es que yo abogo por que las áreas sean de
pago. Eso limitaría su uso, establecería límites y contribuiría a su
conservación y mejora. Haciendo un cálculo superficial y sobre una ocupación de
10 autocaravanas cuando tiene capacidad para 32, esta área generaría unos
ingresos de 4.500 euros mensuales. Incluso pensando en la mitad, ya que hay que tener en cuenta que en los meses
invernales no venga casi nadie, pensar que las arcas municipales pueden
ingresar una media de 2000 euros al mes con unos mínimos gastos de
mantenimiento, creo que bien merecen la pena. Y aquí son bien conscientes de
ello ya que a pocos metros hay dos camping y a 7 km, otra área con capacidad
para 120 autocaravanas.
Pero…vuelvo al relato.
Y aunque cada vez me gustan menos las ciudades y me agobian más, sin problemas que destacar llegamos al céntrico aparcamiento de la estación de tren (3.458816, -3.811184). 2,08 euros la hora hasta un máximo de 24 euros. 4 metros de altura pero hay que ir hasta el final para disfrutar de más espacio.
A eso de las 11 nos
disponemos a irnos pero la alarma nos da problemas. En cuanto se “arma” se dispara
y no comprendemos porqué. Le quitamos los volumétricos y conseguimos que
funcione con normalidad, así que nos dirigimos al puerto para tomar un barco
autobús que nos lleve a Somo.
La temperatura es
estupenda, tanto que me permito coger mi chaqueta que luego, sobre todo durante
la travesía, usaría.
Pero tenemos que
regresar para tomar el barco que media hora después de las 14 horas nos dejaría
de nuevo en Santander. Con un poco de retraso nos recoge y regresamos a la
autocaravana a comer y descansar un poco.
A la hora acordada,
las 18, nos esperaba ya un guía y como no apareció nadie más entramos en este
pequeño refugio. Las entradas hay que adquirirlas por internet, como casi ya
todo, en la página…
Quince minutos antes
de las 19 dejamos el lugar para algo inquietos, dirigirnos a recoger nuestra autocaravana.
Y digo inquietos porque leímos en varios comentarios que había que llegar
pronto para encontrar sitio en el área de autocaravanas que tiene la ciudad e
íbamos a llegar bastante tarde, así que ya teníamos un “plan B”.
Cuando fuimos a
recogerla, el vigilante de la entrada al que preguntamos cuando teníamos que
pagar, nos hizo un pequeño descuento. Y de 19 euros, que es un buen dinero, nos
lo dejó en 17 y nos dijo que había que pedirlo. Le estuvimos dando información
de la aplicación park4night al preguntarnos dónde habíamos obtenido la
información de ese aparcamiento ya que pretendían publicitarlo para atraer
autocaravanas, sobre todo las que van a embarcar o desembarcar del ferry
Santander a Inglaterra o viceversa. Nos comentó que habían intentado ponerse en
contacto con los británicos, con Britany ferry que es la que hace la travesía,
pero sin éxito. No sé por qué no me sorprendió.
Agradeciéndonos la información que le habíamos facilitado, nos despedimos, recogimos nuestra autocaravana y nos dirigimos al área (43.472184, -3.803297), donde milagrosamente estamos ahora. Cuando llegamos había únicamente dos plazas libres. Mucha suerte tuvimos. Y vuelvo a repetir lo mismo. Que no sean gratuitas para que la gente no se “establezca” aquí y además, nos tenemos que acostumbrar a pagar por los servicios que nos ofrecen, como se hace en todos los demás países de Europa. Esto son puestos de trabajo y hay mucha gente que vive de estas áreas. Habría más ventajas, como su conservación. En fin, que nos queda todavía camino que recorrer.
Tras una ducha
estupenda, estamos ahora descansando. Mañana iremos hacia el Este por la costa.
Sin prisa y temiendo la gente que se desplace en este fin de semana.
En la mañana del
viernes recogemos nuestras cosas, cambiamos aguas y nos dirigimos al palacio de
la Magdalena, pero una vez allí, prohibición de estacionamiento a vehículos de
más de 1,8 toneladas, es decir, nosotros, a pesar de que el aparcamiento estaba
vacío. También es cierto que vemos alguna que otra camper o autocaravana
aparcada, pero sinceramente, no nos la queremos jugar. Además se suma que el
día está gris y de vez en cuando se escapan unas gotas de chirimía mojabobos
(siempre recordaré que en Costa Rica lo llaman
“pelo de gato”) así que enojados
dejamos atrás la ciudad para poner rumbo a Loredo,
anexa a la playa de Somo en la que estuvimos ayer.
Damos un paseo de lado a lado, muy agradable sobre esta arena dura y regresamos para poner ahora rumbo a un mirador, el de los acantilados de Loredo.
Regresamos pensando ya en buscar un lugar para comer,
descansar y pasar la noche y tras leer que en un prado cerca de la playa de El
Sable su propietario permite dormir decidimos fijar nuestro rumbo a este lugar
pero termino de leer que está cerrado hasta julio, así que nos vimos obligados a buscar otro sitio cercano, en la parte alta de un
acantilado cerca del ecoparque de Arnuero
donde la gente dice que aunque es un poco estrecha la carretera el lugar merece
la pena.
Pero, cuando dejamos
la carretera general y nos introducimos por otra, ésta se estrecha a nuestro
juicio demasiado y discurre entre alguna que otra explotación agrícola
solitaria donde tememos encontrarnos con maquinaria. Atrás dejamos la población
de Isla para continuar hasta “Isla bis”, pero la carretera ahora no solo era
estrechó si no que se volvió sinuosa y ascendente así que ya no tenemos muchas
ganas de meternos en problemas, al menos no en más de los necesarios y menos
para encontrar un lugar donde dormir, así que nos dimos la vuelta. Ahora cuando
miro de nuevo el mapa creo que el navegador nos introdujo por carreteras estrechas
cuando posiblemente habría otras más anchas, pero, ya está hecho, así que en la
cercana población de Ajo encontramos un
aparcamiento a las afueras (43.482899, -3.61004), pero cercano a zona comercial
y viviendas y allí nos quedamos.
La mañana siguiente el cielo no era tan plomizo y pusimos rumbo a la cercana playa de Cuberris.
Cuando llegamos nos sorprendió una hilera formada por una veintena de autocaravanas se apretujaban en un aparcamiento que miraba a la playa, aunque no se veía el mar. Casi no se podían abrir las puertas sin meterse en la contigua. Sin duda, me sentí mucho más cómoda en donde pasamos la noche anterior. Pero casi no podemos ni dar la vuelta ya que la carretera muere en la playa, frente a las puertas de un camping y un galibo nos impide entrar en un aparcamiento que nos facilitaría la maniobra. Menos mal que el camping abre la barreras permitiéndonos girar. Hay otro aparcamiento, vacío, pero también con gálibo así que conseguimos aparcar en una carreterita perpendicular, acercarnos a la playa y regresar sobre nuestros pasos para poner ahora rumbo al faro de Ajo.
Cuando llegamos estaba
cerrado hasta las 11. Faltaba media hora así que unas jóvenes que estaban
colocando un puesto de venta de ropa nos sugirieron que nos acercáramos a la Ojerada
pero justo allí en park4night aparecía un aparcamiento con posible pernocta
donde los comentarios sobre la carretera se referían a su estrechez lo que
confirmé con el google earth así que decidimos esperar ya solo veinte minutos
para visitar el faro.
Y me alegré, porque el faro, que como todos están situados en hermosos parajes, es muy muy peculiar, decorado con dibujos y colores llamativos. Muy original.
Dimos un breve paseo, nos asomamos a los
acantilados y rumbo a la playa de Sorrozuela y playa de La Arena.
Descendemos por una carretera con un par de buenas curvas pero con ancho suficiente y aterrizamos en una explanada verde frente a la playa. Se permite aparcar autocaravanas pero sin sacar ningún elemento fuera y solo sobre las ruedas. Por un momento pensé que era un sitio estupendo para pasar la noche pero…solo estaba permitido el estacionamiento hasta las 24 horas, así que, mi gozo en un pozo. Y pese al claro cartel, había dos campers que en “ele” se habían montado sus mesas y sillas para pasar el día. Me tuve que morder la lengua hasta hacerme daño para no preguntarle porqué lo hacían, pero Angel tenía razón, no hay buscar problemas, así que nos acercamos a la playa.
Profunda pero pequeña
y a estas horas del sábado concurrida, paseamos un poco y decidimos buscar ya
un sitio para comer, descansar y pasar la noche.
Con esa idea nos
dirigimos a Noja a la playa del Ris
donde encontramos varios aparcamientos, pero pese a habernos casi establecido,
decidimos irnos. Estábamos en la cuneta, con la playa a nuestra espalda y bares
y restaurantes al otro lado, pero no dejaba de ser una cuneta así que
continuamos ahora en busca de un área que habíamos localizado en Ambrosero,
bastante alejada de la costa pero con unas calificaciones inmejorables y habiendo
pasado por el área de Arnuero,que aunque
gratuita era un corralillo cerca de la misma carretera, decidimos poner rumbo a
esta.
Y nos topamos con un
gran espacio junto a un campo de futbol, con prohibición para acampar y
definiendo claramente lo que consideraban acampar. Estar dentro de la
autocaravana, era acampar, así que estaba claramente prohibido. Pero además
aquello era un jubileo. Autocaravanas, campers y turismos con mesas y sillas se
habían instalado en este lugar que estaba junto a un chiringuito. Chiringuito era
igual a jaleo, de música y coches y más en sábado, así que continuamos nuestro
camino.
Pero interrumpimos nuestro camino dos veces. La primera en las marismas de Joyel dando un bonito paseo alrededor de ellas y la segunda siguiendo una señal que indicaba San Roman de Escalante, una iglesia románica del siglo XII desviándonos hacia ella.
Pero cuando llegamos nos topamos con un restaurante y tras investigar vimos que la iglesia estaba al otro lado, escondida y cerrada a las visitas excepto los viernes de 16 a 18.
No obstante aparcamos como pudimos, porque no tiene ni aparcamiento, y nos acercamos. Exteriormente no tiene nada que la haga destacar así que debe estar en su interior. Algo decepcionados y enojados pusimos ya rumbo definitivo al área donde nos encontramos ahora un sitio adorable, tranquilo, con unas espectaculares vistas y en completa soledad (43.420201, -3.553259).
Es verdad
que la entrada, unos 400 metros y cuesta arriba es estrecha, pero hay
visibilidad. Es pequeñita pero tiene cambio de aguas y luz. 10 euros el
aparcamiento que incluye el cambio de aguas, 3 más con luz y 4 solo el cambio de agua. El dinero se deja
en un buzón y piden expresamente que no se utilicen los servicios si no se van
a abonar.Pues prefiero mil veces pagar por esto, que quedarme en una cuneta o estar
buscando y pensar que me pueden echar o multar. La lástima es que no haya más lugares
como este e incluso cerca o en la misma playa. Sinceramente, Santander me esta
decepcionando en este aspecto. Pocas áreas y persecución a las autocaravanas.
La paz ahora es
inmensa, oímos el canto de los jilguerillos y de un cuco lejano. Una gozada.
Tras una tormentosa
noche donde se ha levantado viento seguido de lluvia que nos ha obligado a
levantarnos a cerrar la claraboya, el día amanece gris, pero no parece amenazar
lluvia, así que decidimos poner rumbo a Santoña,
al faro de El Caballo.
Hemos cambiado aguas y
en poco menos de media hora estábamos aparcando junto al fuerte San Carlos en Santoña
donde empieza la senda.
Desde allí, a poco más de las 10 hemos comenzado un ascenso continuo por un camino ancho pero lleno de rocas y piedras que hacían que los pies bailaran de un lado a otro, así que una recomendación es llevar buen calzado. La pista discurre entre un denso bosque de laureles y solo se abre a la costa en uno o dos puntos y no hemos dejado de cruzarnos con caminantes sobre todo al final. Este ascenso prácticamente no ha acabado hasta que hemos llegado a una señal que nos indicaba a la derecha el faro avisando de sus 763 escalones. Así que llena de temor, lo hemos encarado.
Unas escaleras en una pronunciada pendiente descienden por el acantilado. Me agarro a un cable de acero porque un mal paso puede ser terrible. Y nos vamos cruzando con gente que sube, unos mejor, pero otros bastante “perjudicados”. El descenso que nos va acercando hacia el mar, discurre entre rocas y árboles. Es realmente hermoso pero cuando ya vemos el final, las piernas tiemblan.
Abajo encontramos un pequeño faro que parece de juguete y un grupo de jóvenes, alguno de los cuales ha bajado a darse un baño. El paisaje a derecha e izquierda es hermoso levantándose unos enormes muros de piedra grisácea sobre unas aguas de un intenso color azul turquesa. Pero…tenemos que ascender y comenzamos.
Y realmente se hace duro, muy duro sobre todo cuanto más se asciende. Yo, decido sentarme después del primer empujón y cuando reanudo la ascensión me doy cuenta de que sentarme ha sido un error. He de descansar, pero eso consiste solo en parar y quedarme de pie, ya que mis piernas lo han notado, así que voy parando en los descansos de los tramos y mientras asciendo acompaso la respiración. Tengo 61 años, pero nado más de una hora y media a la semana repartido en tres días, hago pilates y paseo casi una hora diariamente y de vez en cuando juego al tenis. Con esto creo que pese a la edad, tengo una forma física aceptable. Y me ha costado. A Angel, con casi 5 años más que yo y con menos actividad física le ha costado algo más. Así que hay que tomar nota. No es un ascenso fácil -ni descenso- y hay que tomarlo con mucha tranquilidad
Aunque ”muertos matados” hemos terminado con los 763 escalones y después hemos tenido que descender este camino de rocas y piedras que parecía no tener fin. Hemos empleado unas tres horas o quizás un poquito más. No está mal, es el tiempo marcado en general para recorrer estos 7 km totales, pero sin tener en cuenta que sumamos unos añitos ya.
Hecho. Y me alegro
porque me ha llegado a tentar ir en barco, ya que también se puede acceder por
este medio para evitar esa tremenda bajada y subida, pero como bien ha dicho
Angel, no tendría gracia. Pero ya, cada año que pasa es como si nos añadieran
una pesa más o dos, y nos cuesta más trabajo. El tiempo aumenta las
limitaciones físicas que cada vez, son mayores
Y hemos puesto ya rumbo
al Sur, hacia Palencia. Mañana por la tarde tenemos que estar en casa así que
decidimos regresar con tranquilidad, sin anchoas de Santoña, sin pasear por su
playa y su hermosa bahía, ni admirar con más tranquilidad la belleza de sus marismas,
que son bien hermosas, pero pensando en nuestro regreso.
Y ahora estamos en el
área de Herrera de Pisuerga, donde estuvimos años atrás, recuerdo que en la
última semana santa en la que subimos hacia la cornisa cantábrica. Entonces
creo que era la noche de un jueves anterior a la Semana santa. Y el sitio nos
resultó encantador, sobre hierba junto
al rio. Seríamos nosotros y otras dos autocaravanas más.
Pero hoy, a las 18 horas cuando hemos llegado, y a las 19 cuando escribo esto, un domingo por la tarde, está completa. De hecho hemos ocupado el último espacio. Sinceramente, o algunos esperan a última hora para regresar a sus hogares (únicamente se fue una), o hay mucho jubilado o mucho desocupado. Pero es que también la pandemia ha cambiado hábitos laborales.
Y en nuestro ultimo día, de regreso, nos desviamos hacia el embarcadero del Canal de Castilla muy cercano al area y que encontramos solitario ya que los lunes no opera el barco que pasea por el canal. El lugar es también muy bueno para una pernocta aunque solitario.Nos quedará pendiente para otra vez que volvamos.
Canal de Castilla |
Canal de Midi. Francia (2015) Mª Angeles del Valle Blazquez Boadilla del Monte, Julio de 2023 |
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